Cuando la luna brota
desde la calle Cálcena,
cuando el rumor de los autos
y la sirena de las ambulancias
se acallan,
se produce un silencio brusco,
total,
afuera y adentro de uno mismo.
No hay palabras, no hay sonidos,
no hay recuerdos.
Entonces uno siente que fué y que será.
O que nunca fué y nunca será,
y que sólo la luna, sola,
persiste,
brotando entre la hilera de los edificios,
en silencio.
lunes 12 de mayo de 2008
Un momento
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