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sábado, 23 de mayo de 2009

Uno cambia mucho

Conocí a una mujer que vive en la calle B., cerca de la calle C.
Un día, charlando, le pregunté si conocía a otra mujer, de la calle C., a quien yo había visto muchos años atrás en Mar del Plata. Me preguntó cómo era y se la describí. Claro que le describí a la mujer que yo recordaba, después de todos esos años, de la cual me había enamorado. Yo era muy joven, entonces, y ella era más joven todavía.
—No —me contestó—, hace tiempo que vivo en este barrio, pero no la conozco.
Después me contó que una vez, siendo muy joven, había hecho un viaje a Mar del Plata, con los padres. En el hotel conoció a un muchacho, del cual se enamoró, pero no recordaba ni el nombre ni el aspecto.
—Uno cambia mucho con los años —dije yo.
—Si —dijo ella—, aunque siempre parece como que hay algo que no cambia.
—Si —dije yo—, cuando recuerdo a aquella mujer, a aquella niña, el amor que sentí entonces lo siento de nuevo, como si fuera hoy.
La mujer me miró y se echó a reir.
.

jueves, 22 de mayo de 2008

Otra vez el ángel

Una noche, estando la ciudad llena de luces, volvió a aparecer el ángel. Estaba parado en una baldosa, esta vez con forma de mujer. Me habló con una voz que venía de más allá del mundo.
Así debe ser, pensé, la voz de los ángeles.
La miré despacio : tenía forma de mujer, pero en realidad era una niña.
- Ángel - le dije -. ¿Sos vos quien hace tanto tiempo espero?
Al decir esto, me enamoré instantáneamente. El ángel sonrió.
- Tal vez sí, tal vez no - dijo.
Emitía una luz más fuerte que las de la ciudad. Hablamos durante un rato y me explicó muchas cosas. Finalmente dijo :
- Bueno, ahora me tengo que ir.
- No te vayas tan pronto - dije yo -. ¿Te puedo volver a ver?
- No sé - dijo ella -. Hagamos una cosa. Te voy a dejar unos papeles míos. Cuando estés solo y los leas te vas a acordar de mi.
- Ángel - le dije -. Yo ya conozco tus palabras, pero verte y oirte es tan diferente... Por favor no te vayas.
- Don Viejo - dijo el ángel -. Usted también me gusta, pero debe saber que entre nosotros no puede haber amor humano. Si quiere volver a verme tiene que renunciar a eso. Es la condición.
- Ya lo sé - le dije -. Vos sos un ángel y yo un simple mortal. Renuncio a todo.
(Pero no era verdad).
Después dijo algo enigmático :
- Otra cosa. Usted tiene que aprender a odiar. ¿Quiénes son sus enemigos?
Dijo algo más. Pero pasaba una ambulancia y la sirena no me dejó escuchar.
Cuando el ángel se fué me quedé pensando : no puedo hacer nada para que vuelva. No puedo hacer nada.
Sólo renunciar y esperar.

viernes, 2 de mayo de 2008

Enamorado

Estoy enamorado de la joven china que atiende la caja del supermercado.
Mientras va pasando los productos por la máquina lectora, me quedo mirando su rostro dulce, extraño, búdico.
Es apenas un minuto, pero me alcanza para soñar largamente.

lunes, 31 de marzo de 2008

Dating error

Y me equivoco otra vez, porfiadamente,
como sólo el que no quiere ver se equivoca.
Un error sobre otro,
como golpes en mi lastimada cabeza.
Un fracaso más.
Tal vez viajar, envenenarse, mirar profundamente.
Este árbol pudo haber vivido,
pero el frío, el frío, el frío.
Cuando la lluvia se reúne a parlotear en los patios,
y la semilla crece lentamente,
hace calor por todas partes,
y el amor saca las cinco frazadas
de su cama,
yo te busco en mis recuerdos,
te busco en la profundidad de tu cuerpo,
te busco una vez más,
una vez última, porfiadamente,
y me confundo,
como si un violín fuese un teorema,
o un gesto un circuito,
o la muerte una sospecha sin pruebas,
porfiadamente,
como el que no quiere ver que ya es tarde.

miércoles, 30 de enero de 2008

Tarde


Si es tarde para todo
es porque ya estoy muerto
y no está más el árbol que amé
ni mis ojos que lo miraban
ni mi amor.

Pero los muertos no hacen deducciones
el silogismo de los muertos
es el silencio.

Por eso,
si lo digo,
si lo pienso,
si escucho mi propio silencio,
es que no es tarde.

El árbol esta ahí
y florece,
las ruedas innumerables
aplastan el polvo de la ciudad,
hay gente hablando
en las esquinas
de cosas importantes,
y ruidos, rumores, ronquidos.

Si es tarde para todo
es que no es tarde.

Y si te miro, mujer,
y veo un árbol que florece en silencio,
es que aún puedo hacer algunas cosas :
preparar el café,
escuchar la noche,
tocar el universo en tu piel.

miércoles, 23 de enero de 2008

Una luz

Salí a la calle y busqué tus ojos.
Había autos, faroles, llovizna.
Una luz roja me detuvo.

Y recordé los gritos,
los golpes metálicos,
los neumáticos quemándose.

Busqué tus ojos entre el humo y el ruido.
Caras desconocidas me rodeaban.
La luz azul del patrullero
giraba en la esquina.

Miré a mis hijos y me miré a mi mismo.
¿Qué estamos haciendo?
Las viejas, los chicos, los hombres,
se tomaban las manos para cerrar la calle.
Todos gritaban.
Desde los autos gritaban, también,
y hacían ruidos metálicos.

Miré a lo largo de la calle
esperando verte llegar.
Los bomberos apagaban el fuego de las gomas.
Nosotros seguíamos gritando y golpeando,
persistentes como la llovizna.

Cuando la luz cambió a verde
empecé a caminar.
Crucé la calle y busqué tus ojos.